Septiembre llega y con él una de esas tareas que todo el mundo sabe que debería hacer y pocos hacen bien: revisar el armario de calzado. No se trata solo de guardar las sandalias y sacar los botines. Es el momento de evaluar en qué estado llega cada pieza al final del verano, qué necesita antes de volver a usarse y qué no merece seguir ocupando espacio.
Hacerlo bien en septiembre es infinitamente más fácil que hacerlo en noviembre, cuando el tiempo frío ya ha llegado y necesitas el calzado de otoño de forma inmediata.
Primer paso: inventario y evaluación
Antes de guardar nada ni sacar nada, revisa lo que tienes. Saca todo el calzado de verano y examínalo par a par:
La suela es el primer indicador. Si el tacón está muy desgastado por un lado, si la suela ha perdido el dibujo de agarre en las zonas de apoyo o si hay grietas visibles, ese par necesita reparación antes de ser guardado o descartado directamente.
La piel exterior es el segundo punto de atención. El verano —con el sol, la sal del mar, el sudor y el roce— reseca el cuero. Una piel reseca se agrieta y se deteriora mucho más rápido durante el almacenamiento. Antes de guardar cualquier zapato o bota de piel, limpia la superficie y aplica una crema hidratante específica para cuero.
El interior del zapato también habla: si el forro está muy desgastado en los talones o en la zona de los dedos, o si el olor no desaparece con el aireado, es el momento de decidir si merece la inversión de una reparación o si ha llegado al final de su vida útil.
Segundo paso: guardar bien el calzado de verano
Un almacenamiento correcto marca la diferencia entre encontrar el calzado en perfectas condiciones el próximo verano o encontrarlo deformado, con el cuero agrietado o con manchas de humedad. Si quieres profundizar en este punto, en nuestro artículo sobre cómo guardar los zapatos en verano sin que se estropeen tienes una guía completa.
Las alpargatas y calzado de esparto deben guardarse completamente secas: cualquier resto de humedad puede generar moho durante los meses en que no se usan. Si el calzado tiene cierta estructura, coloca papel de seda en el interior para mantener la forma.
Los zapatos de piel de verano —mocasines, náuticos, derby de lino— agradecen una última hidratación antes del almacenamiento y relleno en el interior para que no pierdan su forma.
Tercer paso: revisar y preparar el calzado de otoño
Antes de dar por listo el calzado que vas a usar los próximos meses, revísalo también:
Los botines y zapatos de otoño que llevan varios meses guardados pueden necesitar una limpieza superficial y una aplicación de crema antes de su primer uso. La piel que ha estado almacenada se reseca, y una buena hidratación devuelve flexibilidad y brillo.
Si los cordones están deteriorados, cámbialos ahora. Es un gasto mínimo que renueva completamente el aspecto del calzado.
Revisa también las suelas: si el año pasado ya notabas que resbalabas o que el talón estaba algo bajo, no esperes a que el problema se agrave. Septiembre, antes de que lleguen las primeras lluvias, es el momento ideal para pasar por el zapatero.
El momento de renovar: qué buscar para el otoño
Si la revisión te ha dejado huecos en el armario, septiembre es el mejor momento del año para comprar calzado de otoño. Las colecciones nuevas están disponibles, los modelos más demandados aún tienen todas las tallas y tienes tiempo para rodar el calzado antes de que bajen las temperaturas.
Para mujer, los botines de otoño de Baerchi —disponibles en cuña, tacón y plano— combinan piel de vacuno fabricada en España con plantillas anatómicas pensadas para el uso diario. Para hombre, los botines confort TERRA4181 con tecnología FLEXLINE son una apuesta sólida para el entretiempo: flexibles, ligeros y con suela de caucho para los primeros días de lluvia. Y si quieres entender mejor qué modelo de botín se adapta mejor a tu estilo de vida, en nuestro artículo sobre cómo elegir botines para mujer encontrarás todos los criterios ordenados.
La transición de temporada no es solo un cambio de armario: es una oportunidad de poner en orden lo que tienes, cuidar lo que merece cuidado y renovar con criterio lo que ya no funciona.




